Un día como hoy volví a nacer

Por Leandro Rodríguez


El domingo 31 de mayo de 1970, amaneció con un sol radiante. No habíamos viajado a Yungay donde la familia de mi padre tenía chacras, se cosechaba papa y nos habían invitado para el evento; como yo tenía campeonato de fútbol en mi colegio y jugaba por mi salón les sugerí a mis padres que ellos se fueran y que yo prefería quedarme. Ante este hecho decidieron no viajar considerando también que ese día se inauguraba el mundial de fútbol México 70, lo que había ocasionado que muchos se trasladaran a Lima a presenciar la inauguración ya que era la primera vez que se transmitía un mundial por televisión y en directo. De esta manera salvamos de morir en Yungay.

Ese día decidimos ir con mi padre a los baños de Monterrey para nadar un poco. Allí nos encontramos con mi amigo José Salazar y regresamos juntos en el auto de mi padre a la ciudad.

Era un día normal como cualquier otro nada indicaba que se avecinaba un gran evento natural. Almorzamos, luego empezamos a escuchar por la radio las incidencias de la inauguración del mundial el partido entre México y La Union Sovietica. Mis padres me invitaron a pasear en el auto y preferí quedarme en la casa escuchando el partido, en Huaraz en aquella época no había señal de televisión.

El partido terminó cero a cero y antes de esto me eché en la cama y me quedé dormido. A las 3:10 minutos llego mi padre y me preguntó cómo había terminado el encuentro y también se recostó para hacer una siesta, me indicó que mi madre se había quedado en casa de mi abuela que vivía a unas cuadras de mi casa. No pasó ni 5 minutos y llegó mi madre indicando que había decidido venir porque mi abuela estaba descansando. Ni bien entró mi madre a la casa a las 3:23 minutos se inició el terremoto. Empezó con un sonido muy fuerte como si pasara un jet a baja altitud, el movimiento del suelo con la llegada de la primera onda sísmica era violento. Rápidamente empezamos a salir a la calle, mi madre iba delante luego yo y mi padre al final, observé que mi padre tomó su saco al paso. Cuando abrimos la puerta para salir a la calle llegó la segunda onda sísmica que se denomina S el movimiento que genera esta onda es de izquierda a derecha, allí no pudimos mantenernos en pie ni seguir caminando era tan fuerte que prácticamente empujados salimos a la calle. Mi casa quedaba ubicada en el Jr. 9 de diciembre, recuerdo hasta el numero 412. Al frente estaba el local del obispado de Huaraz. Mi madre intentó correr hacia la casa de mi abuela, mi padre la detuvo, vi como las tejas de las casas caían como balas de ametralladora a la calle; agarrados de las manos mi padre mi madre yo y un señor que pasaba por allí nos quedamos en medio de la boca calle sin movernos. El obispado fue la primera edificación en colapsar, esto hizo que nos moviéramos para evitar que nos alcance el derrumbe se levantó una gran polvareda, luego la casa del frente colapsó, en ese momento ya no pudimos ver más, el polvo era tan intenso que solo sentía las manos de mi padre y de mi madre y la voz de mi padre que decía “Dios mio” “Dios mio”, se podía observar claramente en el suelo las componentes de la ondas sísmicas con la violencia del movimiento, finalmente mi casa colapsó y solo esperaba que empezara a cubrirme los escombros ya en ese momento uno se encuentra en un estado entre la vida y la muerte y no se imaginan lo que se siente cuando se mira a la muerte tan de cerca. Toda la parte violenta del sismo duraría aproximadamente 45 segundos a un minuto, cuando éste terminó no podía ver a mi madre ni a mi padre por el polvo, solo sentía sus manos apretando fuertemente mis manos. Era casi imposible respirar por la cantidad de polvo. Mi padre nos abrazó y empujó para poder retirarnos. Cuando se aclaró un poco nos encontrábamos en una especie de isla donde no había llegado el derrumbe. Huaraz había sido destruida.

No teníamos línea de vista en las calles, las construcciones altas con calles angostas habían prácticamente sido cubiertas por los escombros. Mi madre en shock arrastrada prácticamente por mi padre miraba su casa y lloraba al verla destruida, mencionaba a mi abuela y sus hermanas.

Trepamos los escombros para salir a una calle abierta que quedaba a dos cuadras de mi casa era el Jr. Tarapacá. estábamos caminando a una altura de 2 metros tal vez sobre los escombros. Era macabro el escenario que se veía, personas atrapadas parcialmente aplastadas clamaban por ayuda, algunos ensangrentados lloraban y clamaban por sus familiares. Yo tenía la tranquilidad de estar con mi padres, que eran toda mi familia.

Mi padre que había pasado el aluvión de 1941 que destruyo parcialmente Huaraz quería salir rápidamente a campo abierto para alejarnos de la ciudad porque decía que era muy probable que se hubieran roto los diques de las lagunas y que en unos 20 a 25 minutos tendríamos un aluvión como el de 1941. Así es que llegamos a la avenida Tarapacá. En ese momento toda una multitud de gente corría en dirección sur indicando que se venía el agua. Cuando levanté la mirada hacia la cordillera blanca observé una gran nube de polvo que parecía un aluvión. De manera que siguiendo a la multitud corrimos en la misma dirección. Al llegar a la altura de Tacllan (un lugar a la entrada de Huaraz cuando se va desde Lima) nos encontramos con algunas personas conocidas por mi familia en ese momento ocurrió una réplica del sismo (temblores que ocurren después del terremoto) era una bastante fuerte que hizo perder la serenidad a mucha gente pensando que se repetía el terremoto. Pasamos allí unas horas y luego bajé al pueblo con mi padre para indagar y buscar a los familiares. Nos acercamos como pudimos a mi casa para ver si podíamos sacar algo lo que fue imposible.

Esa noche la pasamos en el cerro dormimos a la intemperie, mi padre contó como 300 temblores (replicas) que sentimos en ese intervalo de tiempo.

Al día siguiente fuimos a buscar a mis familiares. No pudimos ubicar la casa de mi abuela todo era escombros, recuerdo que mi padre derramó unas lagrimas comentando “no creo que hayan podido salvarse” nadie daba razón de nadie, nos trasladamos al hospital que quedaba a dos cuadras de la casa para ver si podíamos encontrarlos. En la parte del estacionamiento de los autos estaban los cadáveres alineados y había una cantidad increíble de personas por todo lugar con heridas en todo el cuerpo algunos casi moribundos. Con mi padre empezamos a buscar, levantamos lo que cubría a los cadáveres para poder ver si era mi abuela o hermanas de mi madre. De pronto nos encontramos con un amigo que nos indicó que mi abuela había sobrevivido que se habían trasladado por la gran unidad Toribio de Luzuriaga pero que de la otra hermana de mi madre no se sabía nada. Ella junto con sus dos hijas y su esposo habían estado en un evento del Colegio Santa Elena que colapso totalmente. Lamentablemente perdieron la vida sobreviviendo solo su hijita mayor de 11 años. Recuerdo la narración dramática que le hizo la otra hermana de mi madre a mi padre sobre cómo había encontrado los cadáveres de mi primita y su mama, indicando que no había sido posible rescatarlas y que serian enterradas en la fosa común.

Después de enterarnos donde se encontraba mi abuela y las dos hermanas de mi madre nos trasladamos donde ellas encontrándolas prácticamente a la intemperie. Mi prima lloraba reclamando a sus padres era un cuadro realmente descorazonarte. Con mi padre construimos una carpa usando sábanas y lo que encontramos de la casa de mi tía muerta que no se había destruido. Al día siguiente la gente del campo se llevaba todo lo que podía de la ciudad, refrigeradoras, cocinas, muebles en bestias de carga. Era increíble cómo se repetía lo que se había observado en siglos pasados, un calco prácticamente.

Mi padre estaba preocupado por Yungay no había noticias, también no se sabía nada de la capital, todas las comunicaciones se habían cortado y colapsado incluso la carretera a Lima estaba bloqueada.

Después de un par de días se presentó al campamento -si así se podría llamar- un ahijado de mi padre que tenía un camión y hacía movilidad Huaraz-Yungay él era esposo de una señora que había criado mi abuela, madre de mi padre y que vivía al frente de su casa en Yungay, Cuando se encontró con mi padre rompió en llanto sin poder hablar, ante la pregunta de mi padre que como estaba la familia en Yungay, el solo respondió: “No hay nada padrino todo ha desaparecido” por primera vez en mi vida vi a mi padre quebrarse. Su madre, tres hermanos, primos, sobrinos, tíos aproximadamente 40 familiares habían desaparecido. Del ahijado murieron sus cuatro hijas, su esposa y todo el resto de su familia. En esa época en el seminario de Los Pinos estudiaba mi primo Walter hijo de una hermana de mi padre de Yungay, había que ir a darle la noticia que todo lo había perdido.

Obviamente la tierra seguía temblando, el país no estaba preparado para responder ante un fenómeno de esta naturaleza. Luego vendrían los problemas del abastecimiento, la falta de agua, de alimentos, la contaminación, la precaria respuesta del gobierno para atender a la población. La ayuda internacional que fue extraordinaria, el trabajo que se hizo de manera meteórica para poner a punto el aeropuerto de Huaraz, etc. Después de 15 días se abrió la carretera a Lima. Mi familia, junto con mi abuela materna, mi prima huérfana y una de mis tías nos embarcamos a Lima para no volver jamás.

 

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